Un set de nano-relatos

Este pasado sábado tuve el gusto de asistir a un taller de escritura impartido por el escritor gallego Sergio Irigoyen, iniciativa que espero tenga continuidad en el tiempo -¡os animo a uniros!-. Uno de los retos que nos planteaba era el de los nanorrelatos o tuit-relatos, de longitud inferior a 140 caracteres.  Resulta un subgénero muy interesante y en el que se encuentran muchísimas aportaciones interesantes. Auténticas historias que en apenas dos líneas sorprenden, emocionan, divierten.

Aparte del trío que surgió durante el taller, recopilo a continuación los que -con desigual fortuna- han ido escapando de mi cabecita estos últimos días:

Me enfrentaba a una hoja en blanco. La llené de palabras. Ganó ella.

El relojero cambió el sentido de las agujas y ya nunca se pudo jubilar.

Meditabundo, cerró los ojos y calculó las probabilidades de ganar antes de jugar. Una entre siete. Luego tiró del gatillo con confianza, y ganó la muerte que quería.

Levanté la mirada para preguntarle a Dios por qué, y el espíritu santo me cagó en la cabeza.

“En casa tenemos un espejo mágico”, me dijo. No podía imaginar que siempre había vivido sola.

Vendió uno de sus mejores recuerdos a un trapero. Años después, habría de comprarlo otra vez por una fortuna en una subasta.

Me gustaba jugar con las palabras: desordenarlas, desmontarlas y volver a armarlas. Un día me cogieron desprevenido y se vengaron.