Historias cotidianas: en otro tiempo en otro lugar

Salgo a dar un paseo por el centro a esa hora en que el buen tiempo y los días largos hacen posible que se crucen por la calle quienes cierran sus comercios -alguno quizás pensando cuántas veces más podrá abrirlo-, los que cargan a sus destartaladas furgonetas el papel que pueden encontrar en los contenedores azules, adolescentes con sus botellas en bolsas de plástico y quienes salen a disfrutar de la temperatura más agradable haciendo deporte, compartiendo paseo con su perro o mirando la vida pasar en una terraza.

Se escucha música a lo lejos. Apagada primero pero más clara y detallada a cada paso en cuanto enfilo la calle Doctor Casal donde un hombre extiende sobre una tela copias de los últimos estrenos de cine colocando la mercancía de forma cuidadosa y paciente a pesar de que seguramente, cual Sísifo moderno, pronto se verá obligado a recomenzar.
Van pasando escaparates a mis lados -perfumerías y tiendas de ropa-, me cruzo algunas personas con bolsas del centro comercial cercano, un niño llora, alguien reparte publicidad y dos mujeres se saludan con desgana mientras me acerco cada vez más a la música.

Un poco más abajo de la iglesia de San Juan el Real un acordeonista interpreta una pieza de sabor melancólico. Con la piel envejecida por el sol, mirando a los paseantes con una profesional sonrisa (“que tenga un buen día”, parece querer decir) y otro viejo acordeón -aparte del que toca ahora- descansando junto a su asiento, la melodía que toca me resulta extrañamente familiar aunque no logro identificarla.

Sin embargo, me eriza el vello y repentinamente toda la calle parece haberse convertido en otra. De pronto, emborrachado por las notas, recuerdo con todo detalle haber escuchado esa canción en una ciudad donde nunca he estado.

Publicado por

David Lombardía

Economista/informático (quizás ni una cosa ni la otra). Música, tecnología, comunicación, viajes, gastronomía, fotografía...son algunos de mis intereses.

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