Motivación: el factor invisible de la excelencia

Se escucha mucho hablar de la ‘excelencia’, a menudo contrapuesta a la ‘mediocridad’ -lo cual le da un sentido demasiado peyorativo a esta última, obviando el significado real de mediocre-. Se diría que la excelencia es el objetivo primordial al que debe aspirar un profesional, una organización.

Son muchos los que intentan dar fórmulas cuasi-mágicas para la excelencia, muchos los conceptos, estrategias y procesos que nos cuentan para alcanzarla. Pero hay una cualidad que diría que está presente siempre detrás de la excelencia: la motivación. No la motivación como deseo finalista «quiero ser excelente», sino como ánimo que impulsa a hacer las cosas. Muchas veces la excelencia se alcanza, por tanto, incluso sin proponérselo partiendo de una motivación personal (pensemos en el caso de tantos deportistas) que lleva a la disciplina interior, o simplemente a hacer las cosas bien sin más razón que la satisfacción de hacerlo como uno cree que debe ser.

Asi pues, a menudo la motivación es un asunto personal que desarrolla, ‘educa’ y hace crecer el propio individuo (automotivación) pero desde luego también cabe despertar en otros la motivación (hay auténticos expertos en ello).

Pero…¿saben tantas organizaciones que presumen de excelencia o de querer alcanzarla cómo motivar a los miembros de la misma? O, más importante aun, ¿saben cómo conservar la motivación con que esos miembros venían de serie?

Lectura recomendada: ‘¿Qué hace falta para ser un líder?’, Daniel Goleman. Publicado en el nº 126 de Harvard Deusto Business Review. [pdf en inglés]