¿Pagarías aunque no te obligasen? Los incentivos y la honestidad

Recuerdo haber contado hace un par de años a mis compañeros de trabajo la historia de Paul Feldman (que viene recogida en el libro ‘Freakonomics’), quien dejaba a lo largo de las oficinas bandejas de rosquillas y un bote donde depositar su precio. Pese a lo facil que sería zamparse la rosquilla y no dejar la moneda, el hombre consiguió una sorprendente cobertura (5% de impagos e hizo un muy buen negocio.

Entonces, mis compañeros oscilaron entre la incredulidad y el ‘eso en España no pasaría’. Desaparecerían, según ellos, las rosquillas y no ganaría un euro. Se arruinaría. Yo me callé.

Pues esta semana ha aparecido por nuestro lugar de trabajo una nueva empresa. El jueves dejó una caja con bocadillos que por fuera pone ‘1 pincho, 1 euro’ y un folleto explicativo. Dijo que «hoy eran gratis, para que los probásemos». En 5 minutos no había bocadillos, claro. Al día siguiente, el mismo señor pasó con otra caja de bocadillos con el mismo rótulo de ‘1 pincho, 1 euro’. Dentro, 10 bocadillos, una hoja de pedido con los diferentes bocadillos que elabora para poder modificar la selección diaria (incluso un número de móvil y un email al que puedes mandar un código con el nº de empresa y el código de pincho) y una bolsita para meter el dinero.

A las 14:00 horas solo quedaba un pincho de los diez en la caja, que me comí yo. Deposité mi euro en la bolsita y aproveché para contar la recaudación: 10 euros.

Y es los incentivos también funcionan en España.
Por cierto, la empresa que ha creído en ellos -o cuyo fundador se leyo el libro de Levitt- se llama Pasion Catering