El arranque de los proyectos IT

Estos días está en la prensa el traslado del HUCA, y se mencionan a menudo los problemas en la puesta en marcha del nuevo software -Cerner Millenium- implantado en dicho hospital.

Sin pretender entrar en el detalle de los diferentes problemas, se mencionan algunos que, por desgracia parecen ser muy comunes en la mayoría de implementaciones de un nuevo software:

– Funciones y procesos sin probar o que fallan.
– Falta de formación en los usuarios finales.
– Funciones y procesos pendientes de desarrollo.
– Cargas de datos inexistentes o mal realizadas.
– Etc.

Se diría que nadie está a salvo de esa clase de ‘imprevistos’, por muchas metodologías de implementación y desarrollo que se usen o se quieran usar.

¿Solemos lanzarnos demasiado por no incumplir plazos programados con mucha anterioridad?
Está claro que siempre hay un componente de incertidumbre en todo arranque de un proyecto IT. A veces, no queda otra que lanzarse, porque habrá fallos que no se puedan prever hasta que se ponga en funcionamiento.

Enseñanzas

He aprendido a no discutir con nadie cuando está muy enfadado.
A no intentar convencer a quien no quiere cambiar de opinión.
He aprendido que el que calla no siempre otorga.
A presumir de mis victorias nada más como una diversión, y a encajar mis derrotas.
Que es verdad que después de la tormenta siempre, en algún momento, sale el sol.
He aprendido que todo pasa y el 90% no ocurre (gracias Vicky…).
Que tal vez lo que te hace grande no entienda de cómo y por qué (Gracias, Guille…)
Que la vida son tres días y ya es mediodía del segundo.
Que lo único realmente mío es lo que creo, lo que pienso, lo que hago. Lo que siento.
Que hacer daño es facil y pedir perdón suele ser dificil.
He aprendido a ver con más de dos ojos.
He aprendido algunas cosas. Me han enseñado muchas.

Tristeza

No podía quitarme de la cabeza su expresión de angustia, ni las palabras que usó a continuación.

La desesperación que sentía, la ansiedad, el ejército de agujas clavadas en la cabeza, el vientre encogiéndose sobre sí mismo y la sensación de completa irrelevancia en el mundo se hicieron también mis compañeras.

La luz del sol, antes aliada, pasó a convertirse en una dolorosa tortura para los ojos.

Incapaces de digerir la tristeza, nos indigestamos de ella hasta que en un determinado momento, fundidos en un fuerte abrazo, comenzó a disolverse y se escapó en un sonoro eructo. Puso cara de circunstancias, y los dos nos reímos a carcajadas.

¿Por qué pasan tan rápido los minutos estando contigo?

Aun puedo recordarlo. Lanzó esa pregunta al viento por primera vez durante una tarde de invierno, de aquellas en que afuera nevaba en grandes copos que parecía que fueran a echar a volar de nuevo hacia el cielo, de lo ligeros que caían.

“¿Por qué pasan tan rápido los minutos estando contigo?”.

El silencio por respuesta. Yo tampoco lo sabía.

Aun recuerdo el sabor del chocolate que tomábamos. La textura suave de la piel de sus manos. La expresión de feliz esperanza en sus ojos mientras lo preguntaba, que tantas veces habría de disfrutar. El griterío jubiloso de la pandilla de niños que jugaban afuera con la nieve. La música que sonaba, con sus acordes delicados de violín.

Podría recordar todos los detalles alrededor de cada momento de los muchos que nos hicimos la misma pregunta.
Hoy me preguntó por qué habían pasado tan rápido los últimos años, y supe que la respuesta era “porque estando contigo siempre quiero más”.

Y, sin pretenderlo, mi mente volvió a guardar como un tesoro cada una de las pequeñas cosas que construyen estos momentos de felicidad que parece breve pero, en realidad, ya es eterna.

Vicios

– ¡Ramírez! Esa no es la contabilidad de noviembre ¿Qué está usted haciendo?
– ¿No es obvio, señor Pérez? Estoy viendo un poco de pornografía.
– ¡Le parecerá normal!.
– Hombre, es justo reconocer que lo de esta morena es superlativo, ¿no cree?
– Pero… ¡aquí se viene a trabajar! ¡Es inaudito! Nunca había visto nada semejante…
– Créame, jefe, en esta página las hay incluso mejores…
– Pero, ¿cómo se atreve?¿No le da vergüenza?
– Señor Pérez, mis compañeros salen todos los días a fumar dos veces por la mañana y dos veces por la tarde. Yo prefiero ver mujeres desnudas. Cada uno tiene los vicios que tiene. Pero ya ve Vd. que procuro ser algo discreto.
– Tenemos que hablar usted y yo urgentemente.
– Por supuesto, precisamente quería preguntarle… ¿esta de aquí no es su santa señora?
– …
– …
– Venga conmigo, tenemos que hablar.
Ramírez salió de allí con un despacho y sueldo nuevos. Había amortizado con creces el curso de Photoshop y diseño web.

Razón

No creía en la casualidad como accidente. El azar, decía, no era más que un conjunto de consecuencias lógicas a un número de ecuaciones que quien no acierta a explicar achacaría a algo abstracto. Su querencia por intentar dar a todo una explicación racional me resultaba a veces un poco molesta, pero me divertía el hacer que tuviera que ponerla a prueba de una manera exagerada y a menudo torticera, cosa que llevaba con bastante sentido del humor.

Un día me soltó un súbito y emocionado “te quiero” y no pude evitar preguntarle con fingida cara de descreimiento “¿por qué?”. Respondió, con tímidez, “Porque te quiero. No sé, no todo tiene que tener una explicación, ¿no?”. Sonriendo, reconocí por fin “Yo también te quiero“.

Otoño

El viento cálido del sur empujó las hojas, doradas y ocres, hacia el suelo. Cayeron las primeras nueces de su abrigo verde. Crecieron setas de gran sombrero blanco pizcado de marrón y brotaron las flores de azafrán desperdigadas en las praderas. Comenzaron a agruparse los pájaros para regresar de vacaciones. Los manzanos a lucir sus coloradas piezas.

Ella sonrió de nuevo después de mucho tiempo y fue al contemplarla que supo que había llegado el otoño. Tiempo de cosecha.

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